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Infortunios del Melate.

Por Alonso Arreola | Comentarios (0) | Publicado en en Diciembre 4, 2006 a las 02:00 PM

El otro día me puse a vagabundear sin rumbo para matar el tiempo antes de un concierto (el de Charlie Hunter Trio en el Zinco Jazz del centro, buenísimo por cierto). Convencido del lado positivo de mi exagerada y muy criticada puntualidad (la que me permite leer, tomar café y estudiar distintos entornos), me perdí en librerías y establecimientos diversos dejando que llegara la melancolía. Porque debo decir que nada más necesito caminar solo por un rato para entonces empezar a azotarme. Oh sí. Sólo hay que flotar en cuerpo y pensamiento para que la nube de la angustia se posicione sobre la cabeza y comience su discurso de agua y centellas.

Así andaba, alucinando no sé qué cosas sobre la ausencia, cuando me detuve en un negocio distribuidor de boletos de lotería y demás concursos de azar. Llevaba tiempo preguntándome cómo es que estaba tan seguro de ganar un concurso si nunca participaba en ninguno (al menos conscientemente). Por ello actué en consecuencia y jugué tres combinaciones del Melate. No pensé ni en números de la suerte, ni en fechas de nacimiento, ni en cábalas secretas. Sólo quería cumplir con el primer requisito de todo ganador, y retirarme de aquella bola de fieles compradores de sueños que ávidamente se intercambiaban lápices colgados a la pared.

Sucedió lo obvio. No le pegué a ningún número. Está claro que uno debe escoger una serie y serle fiel hasta la muerte, jugándola continuamente. Porque claro: inciso a) las posibilidades de ganar son menores si cambiamos siempre de números, y b) si dejamos pasar una semana y salen nuestros dígitos la omisión nos llevaría al suicido.

A lo que voy es a que un verdadero apostador tiene que vivir atado a su esperanza, al motor de un juego que no tiene principio ni fin, que inició con el bing bang del Universo. Y yo no estoy dispuesto a meterme en esas aguas. Nel pastel. Me basta con los muchos sorteos en los que participo sin estar enterado, muy a mi pesar. Que si por ahorrar en tal o cual banco, que si por usar tarjeta de crédito o débito, que si por comprar tal boleto… vaya… porque nadie puede negar que vivimos un momento en la historia en el que, por lo menos en México, vale más “soñar” y jugar a la ruleta de la “suerte futura” que poner pies en tierra y caminar a donde esa otra fortuna, la del libre albedrío combinado con el libre albedrío de lo otros, produce felicidades a largo plazo.

En resumen, quiero que mi suerte sea producto de mis actos y no de mis deseos. Porque mientras los deseos son estáticos en sí mismos, los movimientos de la Rueda de la Fortuna (esa diosa romana representada con el Cuerno de la Abundancia de Zeus) dependen de nosotros en alguna medida.

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Post Datas. Pronto regalaremos discos míos aquí en Dixo. Les agradezco sus comentarios y contribuciones recientes. Siempre los leo a todos aunque no responda personalmente (de verdad Leonardo, ja). Me hacen sentir que existo, aunque sea mentándome la madre. Y existir es en verdad tener el primer boleto de cualquier ruleta.

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