De rock, libros, presidentes y perros.
Ayer lunes fue un día extraño. Además del espantoso frío que mantiene a mi perro al borde de un colapso, tuve la posibilidad de compartir una de mis mayores pasiones con gente que fue a la plática de La Barranca en el ciclo “Rock and Libros” de la Feria del Libro en el Centro Nacional de las Artes, misma que terminó con una gran asistencia pese al mal clima.
Ahí hablamos de mi abuelo (Juan José Arreola) así como de Italo Calvino, Roberto Bolaño y Carlos Fuentes, leímos a Eliseo Diego… recordamos lo que nos apasionaba cuando niños… en fin, la pasamos bien en una carpa sencilla en la que apenas podíamos escucharnos gracias al concierto que Patita de Perro daba en las afueras. Lo mejor, empero, fue que por primera vez pude darle mi disco a varios seguidores del grupo que a lo largo de los años han probado ser, además, buenos amigos. Así que ahora puedo decirlo públicamente: mi disco ya salió y estoy comenzando su proceso de distribución. En estos días aparecerán todos los detalles para adquirirlo sin costo en mi nueva página: www.labalonso.com
De ahí nos fuimos Chema, Francisco, Renato, Lilith y yo al concierto de Kif en el DIM. Se trata de una banda alterna a los Screaming Headless Torsos de David Fiuczynski. Tenía que ir para darles copias de mi álbum (Fuze grabó conmigo) y para saludar a algunos amigos, como el buen Fratta, que venía llegando de la toma de protesta de López Obrador cual “presidente legítimo”. Y bueno, aunque ya no quiero clavarme en el tema, sólo debo decir que para mí sólo hay un presidente electo, aunque yo no haya votado por él. Lo demás no me interesa, pues he decidido cumplir en los próximos meses, exclusivamente, con lo que me corresponde artística, social y políticamente. (Muchos creen que es un deber involucrarse con la información política, tener una opinión y asistir a marchas o plantones, pero yo creo que no hay mejor ni más eficaz activismo que el de la congruencia y el trabajo honesto en lo que se cree, día a día, sin protagonismos ni ambiciones fatuas. Y en eso andamos.)
Ya después regresé a mi casa para encontrarme cada vez más enfermo al querido Seymor (mi can). Ni él ni yo pudimos dormir más de tres horas durante la noche.
Así que aquí estoy, en pijama a las 11 de la mañana, esperando otra vez al veterinario, con las manos heladas, pensando en si debo o no tomar una de las más tristes decisiones…

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