No sabía si reír o llorar, pero afortunadamente terminé riendo. Me llamaron de una televisora hace un par de días para invitarme a un casting. “Eres perfecta para lo que necesitamos” me dijo un viejo conocido. Me gustó la idea, primero, porque no era la televisora de la que hablé hace unos meses en la que el “estilista” me la había armado de pedo por mis mechas decoloradas. Por otro lado, me latió el hecho de que no iba a salir a cuadro “es sólo tu voz, es una onda medio intelectual” mmm “onda intelectual” ¿en ESA televisora? no creo. En fin, fui.
De entrada, mi contacto me advirtió que había unas “chavas” ( lo entrecomillo porque tuvo la amabilidad de llamarles chavas a las ratotas que realmente eran) ya esperando, pero que no iban para el mismo “papel”.
Soy una persona muy puntual y llegué a las doce para mi cita. Sin embargo, pasó mucho tiempo antes de que me pasaran a ver al “patrón”. JAJAJAJA. Si me aguanté sin hacer ningún reclamo ni acotación acerca del tiempo fue porque, en verdad, me empecé a divertir. Aparecieron no una, ni dos, ni tres ni cuatro, sino cinco ratazas, la verdad super buenas y super ratas que no tenían ni que decir que venían al casting de nalgas. En serio, me caga cuando las viejas son tratadas como inferiores nomás porque son viejas, pero no mames cuando de plano te vistas… o medio te vistes con muy pocos centímetros de tela y además cuando entras , todo mundo sabe que llegaste porque traes colgando cascabeles y además, como dice mi querido amigo Warpig, dishen lash eshshesh ashí, pues no hay de otra. De pronto, las encierran a todas para cambiarse de “ropa normal” a traje de baño, y empieza a surgir del cuartito al que las mandaron un tufo a aceite de coco que más que transportarte a una playa , te hacían sentir como güey en un table . Yo me sentía como me cuentan mis amigos que se sienten cuando salen de uno de esos antros y apestan a mushasha y prefieren ir a hornearse a un puesto de tacos para apestar a grasa de marrano en lugar de apestar a teibol y que no los regañen sus viejas. Y, bueno, tengo que aceptar que tenía curiosidad de ver a estas nenas en bikini, porque todos y mejor dicho, todas, sabemos que un par de jeans apretados se pueden ver muy bien, pero a la hora del bikini, no se pueden ocultar las aguadeces, las estrías y la bienaventurada y siempre presente celulitis (en mayor o menor grado). Las beldades empezaron a desfilar frente a mi, bien embarradas de aceite, en su camino a la sala que ellas esperaban que las llevara al estrellato. No miento, a todas las ví de arriba abajo, las chichis las tenían bien incrustadas al lado de las anginas y había celulitis, estrías y aguadeces en mucho mayor grado que en nuestros humildes y mundanos traseros. Lo raro es que, además, salían medio tapándose pa que no las vieran ¿? Nomás no entiendo. Cabe mencionar que mientras varios pares de nalgas desfilaban frente a mi me encontraba justo leyendo la página del libro Canon en la que Federico Reyes Heróles hace una comparación entre el concepto del sufrimiento de Hegel y el de Wilde, lo juro, JAJAJAJA qué buen lugar para esta lectura.
Llegó el momento de pasar a la entrevista con el conductor del programa que es de esas personas que entre frase y frase guardan un incómodo silencio y miran a lontananza para hacerse los interesantes. Yo más bien creo que andaba pasoneado de cocaína porque después se lanzaba hablando como loco y tronaba los dedos y aplaudía y me hablaba de un personaje sensual que quería que yo representara JAAAAJAJAJAJA sensual pero inteligente , decía, y luego se callaba y volvía a mirar el horizonte. Tenía la peculiaridad de decir un chingo de groserías. Si, lo sé queridos lectores, yo digo muchas groserías, y apoyo el hecho de que sean dichas, pero eso él no lo sabe y en cinco minutos ya había dicho, “pendejadas, putas, verga, mamadas, chingadazos etc., etc., etc.” De pronto, después de esos incómodos pasmos me dice ¿conoces mi trabajo verdad? Y yo… pss esteeee ps no, osea, bueno, esteee, ps… no. Ya al final cuando me dice que porqué no salgo siempre con una paletita en la boca para darle un toque más sensual de plano se me salió la carcajada en su jeta, aproveché el hecho de que tengo tos para disimularlo, pero no creo que haya servido mi actuación.
La neta, como decía al principio, opté por la opción de reírme. Mientras las cats desfilaban, pensé salir corriendo cuando nadie me veía, pero luego dije, no, se puede poner mejor, y se puso. La verdad es que me lo vendieron como una voz en off y terminó siendo otra cosa, además este güey no tiene porque saber quién chingados soy y qué hago, pero la neta no estudié una carrera y una maestría en literatura como pa salir de sensualita con mi paleta en la boca, JAJAJAJA perdón, sensual e inteligente.
Así, Hegel, Wilde y yo, salimos de la bonita oficina con una sonrisa en la boca, dejamos el tema del sufrimiento atrás, pero estábamos de acuerdo con el término “cagado”.