Jajaja… ¡Qué decepción! Eso me gano por andar comprobando teorías hijas del ocio. La verdad es que esperaba que este contacto con el más allá fuera divertido… como de humor involuntario… pero no… efectivamente llamar a la línea de psíquicos de mister Mercado es una mala manera de perder el tiempo y sobretodo el dinero (alguien ya lo había escrito aquí: ¡45 pesos el minuto!). Es una estafa incluso dentro de su propio y mágico terreno. Vaya, no vale la pena ni para quienes creen en eso. Pero no me arrepiento. Ahora puedo decir lo que quiera sobre este "servicio" porque tengo, como se dice vulgarmente, “los pelos de la burra en la mano” (y claro, porque me gasté una buena lana en mi “orientación espiritual”, como ellos le dicen).
Entonces, ahora sí y desde el fondo, que vaya y chingue a su puertorriqueña madre quien levante la mano.

He aquí, en diez breves pasos, lo que me sucedió llamando a su línea:
1.- Luego de dar de alta mi teléfono para los servicios 900 (¡ah pero qué monserga las grabaciones de Telmex!), mi llamada finalmente entró al servicio de psíquicos de Walter.
2.- La grabación automatizada prometía mucho. Decía algo parecido a “¿quieres conocer el destino y el futuro que te esperan, cosas sobre el dinero y el amor? Habla con nuestros psíquicos”.
3.- De pronto, la voz de un hombre que lentamente se deja escuchar y pregunta mis datos básicos: “¿es la primera vez que llamas, cuál es tu nombre, de qué ciudad te comunicas, cuántos años tienes, cuál es tu número telefónico…?”
4.- Antes de dar mi número imaginario, pienso que se trata de una especie de secretario somnoliento que se encarga de recabar información para luego venderte otras chunches mágicas y pasarte con quien te hará “el trabajito”; pero no, oh sorpresa, se trata del mismísimo psíquico cuya primera y espiritual labor es hacerte una encuesta para la base de datos de Mr. Market. “¿Por qué me preguntas todo esto?”, le digo. Y él responde: “son datos que nos piden aquí en lo que es la empresa”. Tal como lo leen. Una vez concluida la pesquisa, pregunto tímidamente para enaltecerlo: “Oye, pero… ¿entonces tú eres uno de los psíquicos que trabajan con Walter?”. Y él con toda la pompa y circunstancia: “efectivamente, ya estamos de lleno en tu llamada”. Y yo: “¿pero cómo te llamas”. Y él, ni tardo ni perezoso y más animado: “Soy Maximiliano, mi número es el 8060 y trabajo de siete de la mañana a catorce treinta horas… para que a partir de este momento marques mi clave y sea yo quien te atienda”. Contuve la risa como pude y le dije: “bueno, está bien Maximiliano, ¿tú qué lees o en qué te especializas”. Y él: “leo tarot, arcanos mayores y cartas españolas… pero como es la primera vez que llamas, pos te recomiendo el tarot. ¿Qué quieres saber?”.

5.- Me quedé un momento en blanco chequeando papeles, revisando mis preguntas así como algunas de las que ustedes escribieron aquí… Pero como no quería parecer sospechoso, decidí abrir el juego con lo típico: “no pues… me gustaría saber qué onda con el amor… ya tengo rato con la misma mujer y quiero saber si las cosas van a seguir bien el próximo año o… si habrá sorpresas”. Ya sé que es una pendejada, pero fue lo primero que me vino a la cabeza haciéndome el inseguro, hablando mal, ya saben.
6.- ¡No’mbre!, ni se imaginan ustedes lo que este tipo se tardó barajando las cartas. Yo nomás oía el crrrrrrrrrrrrrr, papapapapa, crrrrrrrrrrrrrr, papapapapa, crrrrrrrrrrrrrrrrr, papapapapa… Eso sí, me pidió que no cruzara las piernas ni los brazos y que pensara en lo que más me importa en la vida, “para conectarnos” según dijo. No miento: lo único en lo que pensé fue en mi cartera y en cómo ésta iba mermando con cada barajada: crrrrrrrrrrr, papapapapa… Para ser claro, yo creo que la pura mezcla de las cartas me costó unos ciento treinta y cinco pesos… jajaja. (Como dice mi hermano, ¿se imaginan a alguien desesperado por encontrar trabajo y sin dinero al que le apliquen la de “me tardo barajando porque nos estamos conectando”? Qué poca madre, me cae).
7.- Y de pronto, el momento clave. Como que no quiere la cosa y de pasadita, Maximiliano me dice: “listo, sólo quiero recordarte que las cartas no son proféticas. Son una guía para encontrar una solución”. ¡Ajajá… malnacido hijo de las mil putas! ¿No que se trataba de adivinar mi futuro y mi destino? Ya me imaginaba yo que a la mera hora estos farsantes tendrían que protegerse (incluso legalmente). ¿Con que no son proféticas eh? Seguro que ya los han demandado porque no se cumplen sus milagritos.
8.- Me calmé como pude y le di el avión sin que se diera cuenta de mi molestia. Así pudimos continuar con la lectura. “Veo mucho futuro en tu relación”, me dijo. “Veo que eres apasionado como buen escorpión, que eres un tipo extraño, lleno de contrastes, un tanto egoísta”. Y yo calladito. Y él: “eres agresivo pero noble, tienes reacciones inesperadas y eres ambicioso. No te doblas ante nada. Eres una pareja difícil. No le caes bien a todos los que te rodean pero te admiran… eres celoso”. O sea que me dijo lo que típicamente se le dice a cualquier escorpión, lo que en buena medida somos algunos de ellos, lo que he escuchado mil veces y lo que he leído hasta en los horóscopos de los cerillos. O sea: pura tontería plagada de contradicciones sin compromiso. Ya saben, un poco de crítica mezclada con rollos buena onda para que te crezcas y los sigas escuchando, cazando las pocas coincidencias con tu realidad.
9.- Lo más chistoso e interesante vino cuando me dijo: “No todo va bien en tu relación. Las cosas no son tan rosita como crees”. Les juro que usó esa palabra: rosita. Y luego: “Has tenido altas y bajas. Ella es noble y alegre. Le gusta mandar pero no obedecer…”. Cuando vi que la cosa se extendería otra vez en los lugares comunes que Maximiliano profesa, lo interrumpí preguntándole qué receta me recomendaba para mejorar esas cosas. Esperaba por fin la revelación de un plan misterioso en el que fuera necesario acudir a un curandero exótico. Pero él, un tanto desconcertado por mi prisa, contestó tajante: “esta tirada de cartas me dice que no es necesario hacer nada, que sólo debes ser más consciente de tu pareja y no ser tan gastalón, porque ella es muy organizada y administrada”. Jajajaja. No saben qué risa la que me tuve que tragar. Mi chava es un auténtico desmadre administrativo y, cuando puede, es lo que se conoce como compradora compulsiva. Entonces le dije: “¿o sea que gasto mucho dinero?”. Y él: “sí, no sabes administrarlo y lo despilfarras”. Jaja. El único dinero que he despilfarrado en semanas es el de esa llamada... Seguro que por eso lo dijo. Es más, ¡ojalá tuviera dinero para despilfarrar de a de veras y burlarme de él y de todos los que juegan con la desesperación del necesitado a quien ya no hay religión que le sirva!
10.- Como vi que el asunto era lento y chafa, largo y aburrido, además de caro, le dije susurrando que mi mujer acababa de llegar y que luego le hablaría para hacerle el resto de mis “consultas”. Claro que se sacó de onda y me recordó sus horarios de trabajo. Le pregunté que dónde estaba su oficina y que si Walter estaba con él, que si lo podía ver en persona (a Walter). Me dijo que laboraba en el DF, que no veía a Mr. Market y que sólo me atenderían por teléfono. Cuando estaba a punto de colgar, agregó sospechosamente: “Otra cosa: veo que tu madre o tu suegra, alguna de ellas, está enojada por algo… y, además, veo a otra persona…”. Yo sabía que se trataba de sus patadas de ahogado para no despedirse, que era su último gancho para hacerme gastar más, pero aun así le pregunté: “¿alguien más cómo… otro amor?” Y él: “sí, alguien que te pretende. Una mujer blanca, de pelo castaño y estatura media”. Y yo: “ah, gracias por el dato tan preciso… pero ya me tengo que ir, en serio”.
Y él: “que dios te bendiga… Jaco Pastorius”. Jajaja… claro que volví a usar al pobre de Jaco, tal como en los vasos del Starbucks y en la libreta del Sanborns, ni modo.

Así las cosas, les pido una disculpa por tan fallida investigación. Imagínense lo que hubiera tenido que gastar para preguntarle otras cosas a Maximiliano (¿por qué habrá elegido ese nombre? Seguro llegó tarde a la repartición o es el que viene incluido en su número 8060). Es una verdadera lástima que estos psíquicos no tengan métodos adivinatorios Pentium 4 carajo. De menos un tarot en Infinitum, una revolvedora automática de cartas o una bola de cristal turbo.

En fin. No les prometo dejar este tipo de experimentos. Por lo pronto me voy a poner un poco más serio, para que luego me digan que no ande de clavado y volvamos al desmadre. Mientras tanto me despido. Voy a practicar con mi nuevo marimbol porque estamos preparando los shows acústicos de La Barranca (el 28 tocamos en el Pasagüero del centro, en la calle de Motolinia). ¿No saben lo que es un marimbol? Ah, entonces tenemos mucho de qué hablar el próximo jueves. Lo mandé hacer con un colombiano que vive en Santiago Tepetlapa, en Tepoztlán, Morelos, y a quien conocí en un viaje a Nueva York. Un tipo interesante. Se tardó como mes y medio en hacerlo y apenas fui por él hace dos días. Estoy feliz. // Alonso